Rami Abu Salah
¿Acaso no basta mi suerte,
para encender vuestro corazón?
¿Será preciso perder mis ojos,
para que veáis mi aflicción?
Gracias...
ya cumplisteis mi anhelo.
Vi a una sola muchacha,
que jamás aceptó el desconsuelo;
que no toleró la humillación,
cuando vosotros cedisteis al suelo.
Y allí, al borde de la calle,
una multitud roba vuestro honor;
mientras ella grita de dolor,
con un desgarrado clamor.
Nada consigue aliviar su herida,
ni apagar su desesperación;
salvo entender que vuestra historia
es también su propia prisión.